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El reto | Datos | La situación escolar | Un plan necesario

El reto de educar en la interculturalidad

Manuel Pinos
La escuela se ha convertido en un contexto mixto donde se dan cita personas de diferentes culturas y procedencias. Cada vez es más habitual encontrar clases en las cuales parte de su alumnado es inmigrante. Si la escuela debe ser un lugar de encuentro voluntario para la comunidad en la que se inserta y no un mero lugar de paso obligado es necesario saber cómo abordar esa interculturalidad.

La educación intercultural ya no se plantea como una posibilidad, sino como una necesidad. En este sentido hay que señalar un punto de partida clave: la educación intercultural no puede ser una práctica «neutral» frente a la realidad de la diversidad cultural en nuestra sociedad. Ni tampoco puede serlo frente a la desigualdad, la injusticia o la insolidaridad, o ante los inevitables conflictos que esta nueva realidad sociológica nos está planteando y nos va a replantear en el futuro. O acercamos la escuela al futuro que queremos, dotándola de medios y posibilidades para comprender y cambiar el presente, o estaremos construyendo una escuela, y por ende una sociedad, sin futuro.

La educación intercultural debe asentarse en dos planteamientos fundamentales. El transformador, que necesariamente ha de conllevar cambios en nuestra estructura de centro, de trabajo, en nuestra organización y en nuestro planteamiento educativo. Y el segundo, de control, que nos debe hacer reflexionar sobre si lo que estamos haciendo nos está llevando adonde queremos ir. Ver si los objetivos sólo nos están haciendo trabajar en una realidad que ya existe, cuando desde la escuela deberíamos estar construyendo la realidad que queremos y necesitamos.

La pedagogía intercultural sólo tiene una finalidad: la construcción cotidiana de una nueva cultura con lo mejor de cada una de las diferentes culturas con las cuales estamos en contacto. Hemos de evitar que lo «urgente» nos haga perder de vista lo «importante». Pero hemos de trabajar intentando no perder de vista los dos horizontes posibles y necesarios de actuación.

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